6.02.2012

Vamos a la cocina, debemos buscar que desayunar.


Tremenda la noche en la casa de Sofía. Tremenda la forma en que me tuve que dar a la fuga.

Si existe algún nombre para la fobia a las despedidas por favor, díganme. Recomiéndenme un buen doctor, uno que medique y que hable poco, que me cure; un doctor que me salve de las dudas, del miedo al afecto que causa un beso en los labios de una mujer con quien te has venido tres veces.

Tremenda la noche en casa de Mónica, tremenda la forma en que le tuve que quitar mi camisa para poder darme a la fuga.

Y es que en las despedidas hay una esperanza de la vida que aún no existe. Hay algo, como en todo, pero a éste algo le temo. Le temo al igual que a eso de tomar el desayuno juntos, del súper polvo mañanero, del beso de buenas noches, el beso de despedida. Ese enlace, baba fresca, lagañas, pelo desorganizado, maquillaje corrido, boxers en la alfombra, cama desarreglada, café recién colado, esa confianza. Que las despedidas dejan una puerta, un puerto abierto a nuevos viajes.

Tremenda la noche en casa, tremenda Isabel, tremendas sus tetas.

Mi techo nunca había sentido la sensación de que lo ignoraba hasta hoy. Hoy no quiero su altura, no quiero que sea pizarra donde dibujo mis ideas. Hoy no quiero ser proyector. Soy fiel admirador de su piel y de mi fortuna, de mi suerte que no siempre tiene suerte. Soy fiel admirador de mis dudas y mis quebrantos.

Hoy me despierto con un sabor de arrepentimiento en la boca pero mi nariz se despertaba con un dulce olor a mujer descansada.

Ya el sol empieza a hacer presencia, tan impertinente, tan bocazas. El sol que llega y nos hace descuajar. Ella que me abraza y siento que lo que abraza son los mismos nervios que anoche sentía en mis manos. Ese calor en mi pecho, ese horno que cocina cariño trasnochado. Esa suavidad en sus manos, esas mismas, de arriba abajo, en otro lado.

Y amanece porque ella abre los ojos y me mira. Empieza el día con mi cara de pendejo, sonriéndole, con su mano quitando algo de mi barba de tres días. Empieza el día con su "Buen día..". Terminan las dudas, termina aquel tormentoso vaivén de ideas tristes. Terminan nuestros labios descansando uno arriba de otro. Terminan los nervios.

"Vamos a la cocina, debemos buscar que desayunar..."

Continuación de: El Bar de Paco.

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