10.06.2011

Gracias por el fuego (Fragmento/Benedetti)

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Demasiado. Ahora se acabó. Dentro de dos semanas el décimo octavo aniversario. ¿Bodas de qué? De papa, de jabón, de cualquier cosa. Me impacienta, no me atrae, pero ignoro la causa. La conozco tanto. Mi mano puede recorrerla a ciegas. Conozco el lunar chico que viene después del lunar grande, la parte áspera alrededor del pezón, la longitud exacta de los vellos, la apertura de todos los ángulos, los falsos labios cerrados de la cicatriz a la altura del apéndice, las zonas en que la carne mantiene su última consistencia joven y las zonas que empiezan a volverse flácidas, sin resorte bajo la presión de mis dedos, la única vértebra que tiene un promontorio mayor que las otras, las gloriosas nalgas donde se compendia su vitalidad, el sexo tibio, las rodillas lustrosas, la cintura que sabe mi compás.


Mario Benedetti. 
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10.04.2011

El Culo de Lucía.

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Para Chuck Palahniuk, Michele Brivio, Gibrán Abreu, Ignaura Tejeda y Román Lopez.

El sitio donde estamos ahora, unas ruinas a oscuras, y lo que construimos, podrían ser cualquier cosa.

Ya las cosas no son como hace trece años , Ernesto. La vida ya tiene necesidades, nos ha llegado la hora en que empieza a complicarse, porque eso es ella, una mezcla de complicaciones, necesidades, deseos y quejas. Es una mierda para el que conoce lo que en realidad significa estar vivo, al menos así diría Michele.

No sé si recuerdas a Lucía, bueno, quzás no recuerdas su cara pero si te acuerdas de su culo y hablo de su culo por que los gluteos, para hablar menos burdo, tienen una capacidad sorprendente para despertar la memoria fotógrafica que, probablemente, no tienes. Tienen tacto visual, se mezclan con cualquier recuerdo importante en ti para que nunca los olvides. Algo como: "Me acuerdo aquella vez que el profesor Martínez nos dejó diez horas sin comer en el aula, también recuerdo el culo de Lucía al entrar al salón". La memoria fotográfica del hombre moderno es no olvidar unas buenas nalgas.

Pero a lo mejor su culo no era solamente carne, nervios y sangre, quizás era algo más que un simple pan de hamburguesas, o tal vez algo más que diversión para llevar.

Puede ser que el culo de Lucía sea una historia de amor de tiempos antigüos, una batalla campal entre dos reinos que desean dominar un castillo sin dueño. De estos cuentos que tienen dragones y varias princesas, muchos muertos y heridos, es posible que el culo de Lucía sea una simple princesa que deseaba ser rescatada.

Es probable que el culo de Lucía sea más que un polvo, que es una excusa para declarar guerras en el mundo moderno. Quizás, en algún país, el culo de Lucía es Dios, creador de todo. Puede ser que el culo de Lucía, o Lucía en éste caso, sea la madre de todos, que debemos respetarle y temerle.

Quizás el culo de Lucía son dos estrellas que al chocar, en vez de explotar y terminar siendo millones de estrellas, lo que hicieron fue unirse en un planeta que tiene riquezas en fauna y flora, me imagino sus ríos caudalosos en tiempos de lluvia, sus tetas como un pico virgen que nadie ha escalado.

Puede ser que el Culo de Lucía fuese una idea con gran futuro, una muestra de que la vida es un sin sentido que se pierde en los que tienen raciocinio... - A lo que Ernesto me interrumpre-

 - ¡Cállate Dylan! No hables tantos disparates, al final, simplemente, se lo queriamos meter y nada más.
- Tienes razón amigo, en aquellos tiempos teníamos la suerte de ser simples y sólo querer metérselo.

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9.23.2011

Se llevaron las Patanas.

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Me perdí en mi niñez. Mi mamá trabajó en zona franca desde que yo era un muchachito, no como operaria ni nada pero era de estas gerente que se la pasaban caminando en la planta. Un día me senté a comer con un reguero de operadores debajo de una patana que era de los pocos sitios donde había sombra y se podía estar tranquilo.

Ya no hay sombra
porque se llevaron las patanas
se llevaron la comía
de los cinco muchachos
que viven en mi casa.

Ya no hay sombra
porque ya no buco ná
debajo de la patana
y es grande el dolor
porque ya no me puedo
dar ni mi cervecita
los fines de semana.

Ya no hay tranquilidad
porque se llevaron las patanas
se llevan la esperanza del trabajador
ahora le dieron cabida al que
muere de hambre en su casa.

Ya no hay donde buscar un lote
se llevaron las patanas
sólo nos queda la sombra

de un futuro que no tiene ni horas
dejaron quebrar miles de vidas
dejaron quebrar las zonas francas.


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8.22.2011

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Sabré entender tus prisas. Miss Carrusel - Nacho Vegas

No te alejes de mi vitrina
que gracias a ti
tengo el alma decorada
de noches largas
y estremecedora poesía.

Y no te vayas hoy
que quizás muera
en lo que das vuelta
a la esquina
en lo que vas y vuelves
sólo vas a encontrar
una noche sin estrellas
ni sangría.

No te alejes de mi
que la madrugada
me regala pesadillas
sin comerciales
que se entretienen
mirando y jugando
con tus lunares
si duermes por
estos lares.

Y no te vayas hoy,
que el pastel
que hoy decora mi
inspiración desviada,
viene cuando le da la
gana
a regalarme migajas.
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8.01.2011

Luis Cernuda: Dos.

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Dans ma péniche.

Quiero vivir cuando el amor muere;
muere, muere pronto, amor mío.
Abre como una cola la victoria purpúrea del deseo,
aunque el amante se crea sepultado en un súbito otoño,
aunque grite:
Vivir así es cosa de muerte.

Pobres amantes,
clamáis a fuerza de ser jóvenes;
sea propicia la muerte al hombre a quien mordió la vida,
caiga su frente cansadamente entre las manos
junto al fulgor redondo de una mesa con cualquier triste libro
pero en vosotros aún va fresco y fragante
el leve perejil que adorna un día al vencedor adolescente.
Dejad por demasiado cierta la perspectiva de alguna nueva tumba solitaria.
Aún hay dichas, terribles dichas a conquistar bajo la luz terrestre.
Ante vuestros ojos, amantes,
cuando el amor muere,
vida de la tierra y la vida del mar palidecen juntamente;
el amor, cuna adorable para los deseos exaltados,
los ha vuelto tan lánguidos como pasajeramente suele hacerlo
el rasguear de una guitarra en el ocio marino
y la luz del alcohol, aleonado como una cabellera;
vuestra guarida melancólica se cubre de sombras crepusculares
todo queda afanoso y callado.

Así suele quedar el pecho de los hombres
cuando cesa el tierno borboteo de la melodía confiada,
y tras su delicia interrumpida
un afán insistente puebla el nuevo silencio.

Pobres amantes,
¿de qué os sirvieron las infantiles arras que cruzasteis,
cartas, rizos de luz recién cortada, seda cobriza o negra ala?
Los atardeceres de manos furtivas,
el trémulo palpitar, los labios que suspiran,
la adoración rendida a un leve sexo vanidoso,
los ay mi vida y los ay muerte mía,
todo, todo,
amarillea y cae y huye con el aire que no vuelve.

Oh, amantes,
encadenados entre los manzanos del edén,
cuando el amor muere,
vuestra crueldad; vuestra piedad pierde su presa,
y vuestros brazos caen como cataratas macilentas,
vuestro pecho queda como roca sin ave,
y en tanto despreciáis todo lo que no lleve un velo funerario,
fertilizáis con lágrimas la tumba de los sueños,
dejando allí caer, ignorantes como niños,
la libertad, la perla de los días.

Pero tú y yo sabemos,
río que bajo mi casa fugitiva deslizas tu vida experta,
que cuando el hombre no tiene ligados sus miembros
por las encantadoras mallas del amor,
cuando el deseo es como una cálida azucena
que se ofrece a todo cuerpo hermoso que fluya a nuestro lado,
cuánto vale una noche como ésta, indecisa
entre la primavera última y el estío primero,
este instante en que oigo los leves chasquidos del bosque
nocturno. Conforme conmigo mismo y con la indiferencia
de los otros,
solo yo con mi vida,
con mi parte en el mundo.

Jóvenes sátiros
que vivís en la selva, labios risueños
ante el exangüe Dios cristiano,
a quien el comerciante adora para mejor cobrar su mercancía
pies de jóvenes sátiros,
danzad más presto cuando el amante llora,
mientras lanza su tierna endecha
de: Ah, cuando el amor muere.
Porque oscura y cruel la libertad entonces ha nacido;
vuestra descuidada alegría sabrá fortalecerla,
y el deseo girará locamente en pos de los hermosos
cuerpos que vivifican el mundo un solo instante.

Donde habite el olvido...

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

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