9.21.2012

Y los espejos.

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No es tanto quebrar sus deseos ni ir en contra de su voluntad, no es violarla literalmene. Sería mas bien violar la tranquilidad con que descansa en esa pared, sería, y disculpe el atrevimiento, de su trajín de dama. Tomar, con un mínimo de sutileza, y subir sus piernas para que decoren uno de mis muslos; mientras que al mismo tiempo, con fuerza pero también con paciencia, quitarle los panties sin que su culo y su falda se enteren.

Porque estamos solos en este cuarto de baño. ¿No? ¿O tienes miedo que alguno de estos amiguitos del espejo digan algo? ¿Crees que les moleste nuestra falta de respeto y escasez de paz?  
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9.15.2012

Coincidir.

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coincidencia s. f.
  Hecho de coincidir en el tiempo o en el espacio dos o más personas, hechos o cosas

Verla todos los días en el parque no era pura casualidad. Sé que iba, sé que allí iba a estar y hacia allá caminada. Como zombie que camina todos los días de semana a la oficina, a trabajar con el lomo doblado. Ha hacer reportes. Mi trabajo consiste en salir puntual de aquella cámara de tortura en la que me gano la vida para luego ir a verla.

Mi trabajo era disfrutar de su vestimenta de oficina sin que el encuentro de nuestras miradas se convirtiera en hábito, en mañas de esas que cogen los enamorados: De verse desnudos mientras se acercan uno al otro, de atragantarse con saliva mientras se niegan a aceptar que comparten latidos. Mi trabajo era acercarme a ella pero dejando espacio para huir sin herirnos. Sin idiotizarnos los pasos, sin mezclar nuestros sueños.

Así me mantengo detrás de su vestido, así me mantengo visitando este parque desconocido, tratando de que esas miradas no sean más que un desliz mal tramado del destino, un gesto de educación cargada de hipocresía y cargada de un bostezo en señal de aburrimiento inexistente.

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8.29.2012

Necesito un escritorio.

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En el sofá que me prestaron
ya no caben las ideas
que más o menos me sobran,
así que necesito un escritorio,
un manicomio con cuatro patas,
una mesa un tantito civilizada,
para guardar algunos
de mis secretos reguerosos.

Aquí ya no caben mis fotos
ni mis historias incompletas.

No me caben los nervios.

Necesito un escritorio para mojarlo
con las lágrimas que a veces guardo
y no salen porque se sienten
un poco intimidadas
por mi monstrouosa ansiedad.

Y es que mis personajes
ya están hartos de andar rodando
en el sofá de un viejo tosco
que sólo se preocupa
por alargar su güebo
y no las historias que se pudren
debajo de su verija oxidada.
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8.23.2012

Bossa.

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Ningún corazón más rojo que tú. 
Paco Cifuentes.

“Enamorarse no es complicado.”

Es lo que siempre me decía Daniel, el reportero que trabajaba a mi lado. Quizás nunca será el hombre que más mujeres va a conquistar, pero sí el que más se ha enamorado.

“Y es que no necesitas de mucho. Sales a la calle, respiras y te enamoras de que estás vivo, de que tus peos hieden y que todos te sienten presente en el momento que decides soltar uno en algún lugar público, quizás en el café bien pequeño de la esquina.

Es suficiente con mirar a Carlota, la de la recepción, mirarle a los ojos y enamorarte de ella en los siete segundos que toma para que sus ojos terminen en su pecho y su sonrisa se mude a tu cara. Todo fresquito; tetas de vitrina que te reciben en tu infierno de oficina.

Para enamorarnos tenemos toda una vida. Dos segundos son necesarios para ilusionarte, sonreir y que en tu cabecita nazca una historia que quizás sólo tú te estés imaginando, y que sólo tú llegarás a conocer. Te animas, la recibes con un abrazo y la sientas en la comodidad de tu sala cerebral; para que crezca y se alimente de otras ideas.

Porque enamorarse es eso, un péndulo sin regreso. Una bobada, un sin sentido metafísico. Un latido que se escapa para vivir en otro corazón.”

Al parecer soy un poco diferente, pero diferente en la explicación, no me enamoro muchas veces porque para mí todo lo que me presenta el mundo es una mentira. No hago nada con las tetas de Carlota, no hago nada mudándome a un corazón que quién sabe porque late, o si está muerto, o si vive de penas; de ilusiones falsas.

Para mí es algo más allá de la fricción del momento. No es dejarse llevar, no es caer, es relacionarse. Es darse cuenta que dentro de una mirada hay muchas respuestas, muchas dudas, muchas ganas de curiosear y seguir conociendo. Que dentro de nuestra reacción química hay una mezcla y no una simple combustión aleatoria e impulsiva. Porque no hay nada mejor que lo compartido, mas en esa vida de abrazarse con cierto compromiso, por poco que dure, pero abrazarse y quererse con respeto.

“¿Y no crees que eso es enredarse de más?” Me dice Daniel, mientras se queda viendo el culo de Diana. “De por sí la vida anda en coqueteo constante con nuestras complicaciones, ¿Para que complicarnos más? Porque no tiene sentido el andar por ahí buscando otra persona a quien enliar con tus problemas hormonales, con tus mañas..”

Disculpa que te interrumpa, Daniel. Pero me gustaría saber ¿Que hacen tú y tu soledad en una noche cualquiera, cuando una bossa los embriaga y se ven a los ojos, varios besos después?
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8.11.2012

Ya no llueven las tetas.

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Este pueblo ya no es como era antes, ya no hay fé, no hay energía. En este pueblo ya ni llueven las tetas. Ahora todo está cubierto de una deprimente sobriedad primitiva y un eco saludable que nos separa de la esperanza ilimitada, de los sueños mojados.

Ya no llueven las tetas, no se ven gotear con suavidad mientras desafían la gravedad. Ya no hay un pezón que nos llene de letras el cuaderno donde escribíamos bellas historias. Ya no hay estrías, sólo existe una histeria cortante que nos envuelve en su pasado amargo. 

Ya no llueven las tetas, ahora hay un sostén que lo controla todo. Éste pueblo ya tiene una esperanza regulada, se ha convertido en una gran mierda.

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